Helloween llegó a Guadalajara con su Pumpkins United World Tour y con toda la fuerza de su power metal para hacer caer las lágrimas de los tapatíos

Fue imposible no conmoverse la noche del domingo con Helloween, pues no solo fuimos testigos de un gran show, sino que también tuvimos la oportunidad de cantar con los tres vocalistas que han pasado por las filas de la agrupación alemana en sus más de tres décadas de historia.

Michael Weikath, Markus Grosskop, Kai Hansen, Michael Kiske, Andi Deris, Sascha Gerstner y Daniel Löble hicieron de esa noche tan fría algo muy especial, un concierto que solo pasa una vez en la vida y que demostró que los metaleros también pueden llorar.

La banda tapatía Forbidden Dream fue la agrupación encargada de encender al respetable antes de la presentación de los alemanes y claro que no decepcionaron.

A cuatro días de la celebración de noche de brujas, abrir con “Halloween” fue una excelente elección. Desde el primer minuto el extasiado público gritó y celebró, pues Kiske y Deris estaban cantando a dúo.

He visto a los metaleros gritar, mover la cabeza hasta el cansancio, repartir su ira en el slam, saltar de forma brutal, fumar hasta secar su garganta, pero nunca llorar -o al menos con tanto sentimiento como lo hicieron la noche del domingo-. Y como no hacerlo, pues el Pumpkins United World Tour reunió a la gran familia.

Con un español muy fluido, Andi Deris presentó a Seth y Doc, dos calabazas animadas que fungirian como presentadores de cada canción del extenso setlist.  “Dr. Stein”, “If I Could Fly” y “Are You Metal?” lograron que esos negros corazones metaleros latieran y se paralizaran.

La nostalgia continúo con el solo de batería donde Dani Löble demostró su capacidad y potencia mientras se batía en duelo con el difunto baterista de Helloween, Ingo Schwichtenberg, a través de una proyección en la pantalla.

“I want Out” marcó el final del concierto, canción que fue cantada a todo pulmón por el respetable, quienes se encontraban alzando los brazos como si llegaran a un momento de revelación divina.

Da gusto ver a una leyenda bajarse del pedestal y juntarse con el público para crear un momento tan mágico. No hubo empujones ni golpes, solo abrazos fraternales y sonrisas, pues esa fría noche todos éramos una gran familia que disfrutó de un caluroso reencuentro, uno que demostró que hasta el más rudo también puede llorar.

Txt: Christian Espinoza // @chrisantemo_

Img: Noé Blanco // @MajorPug

 

Comentarios

Comentario