El Cosquín Rock no se crea, ni se destruye, solo se transforma. El show debe continuar y eso pasó

Uno de los temas más comentados este fin de semana fue lo que sucedió en el Cosquín Rock México, que llegaba por segunda ocasión a la ciudad de Guadalajara. Sin embargo, lo que pintaba para terminar como un desastre luego de la fuerte lluvia que azotó a la Perla Tapatía, terminó con una gran fiesta gracias a los organizadores, bandas y, sobre todo, el público que no se dejó vencer por el mal tiempo.

La tarde del sábado comenzó con un sol que golpeaba como el mismísimo Julio César Chávez en sus mejores años. Un cielo abierto, nubes dispersas que no servían más que para adornar de fondo el par de escenarios principales. A la izquierda una rueda de la fortuna y una fila de papás acompañados por sus hijos con sus terribles ganas de ponerse a rockear. Bastaba un suspiro para darse cuenta de los asadores calentando los choripanes y sentirse un poquito más cerca de las tierras de Cerati, García y Páez. Aunque no estuvo mal contrastarlo con algo de casa: un tejuino para amarrar y combatir el calor. Era como tener lo mejor de dos mundos al alcance de tu sentido del gusto y auditivo.

Banda de Turistas e Indios fueron las agrupaciones que nos dieron la bienvenida al Cosquín Rock. Para entonces, muchos aún se la pensaban en dejarse ir a tirar rock y resguardarse en la gran carpa blanca ubicada en el centro de la sede. Los Rebel Cats, con todo y su cover a “Gimme the power” de Molotov, hicieron bailar al ritmo del rockabilly mientras los chilenos de Gondwana le ponían más amor y paz a las cosas. Todo era verde, amarillo y rojo, además de buena onda. El rock siguió Diamante Eléctrico, Ciro y los Persas, Las Pastillas del Abuelo, la energía de Vaquero Negro y los bonaerenses de No Te Va Gustar, que ya tenían a todos los hinchas del rock escuchándolos. Después ocurrió lo inesperado.

¿Se acuerdan del cielo azul que adornaba los escenarios? Pues se tornó gris y comenzó a lanzar granizo y lluvia. Los tapatíos de Porter, que apenas llevaban una canción de su set, no pudieron continuar. La carpa que cubría del sol se convirtió en salvación; más de medio Cosquín Rock se resguardo ahí. El festival no podía continuar pero como dicen: “lo que no te mata, te hace más fuerte” y el domingo por la mañana continuaría el show.

La revancha del Cosquín Rock

Llegamos desde muy temprano al Cosquín Rock. obviamente con el previo menudito ya en el estómago para aguantar candela. No eran ni las 11 de la mañana y ya había una muy buena entrada con sed de revancha y de echar chela.  La gente corría para agarrar buen lugar frente a los dos escenarios. Mientras, los asadores perfumaban otra vez Calle 2 con el choripán y provocaron un agradable déjà vu.

Inspector tomó el escenario y pusó a bailar ska a todos. Los de Monterrey también presentaron temas de su nuevo material, “Páginas en blanco”, para salir aplaudidos hasta con los codos. Continuó otra de las cartas fuertes del festival: Molotov, quienes no necesitaron mucho esfuerzo para conectar con el público. Eso sucedió de inmediato con sus emblemáticas canciones. Para entonces el calor ya pegaba fuerte otra vez y a “los molochos”, con su humor siempre ácido, preguntaron a sus fans si preferían el sol o la lluvia. Fue un show especial para la banda, ya que era su última presentación en México antes de irse a Rusia para echar desmadre en el Mundial de Fútbol.

Porter y su hipnótico sonido se hicieron del escenario y agradecieron reiteradamente que la gente haya tomado revancha. Con sus característicos visuales llenos de cultura mexicana pusieron a danzar a muchos, aunque otro cuantos esperaban a la cantante chilena más exitosa en nuestro país actualmente. Mon Laferte, con un llamativo vestido blanco y lunares negros que hacían juego con las flores rojas que llevaba en la cabeza, montó un show emocionalmente estable como una montaña rusa. Con cumbia, ska, baladas y hasta un cover a Selena hizo que más de un fan bailara y llorara al mismo tiempo.

El acto más esperado del día fue sin duda los del Quinto Patio. La Maldita Vecindad estaba en casa y tenían preparado un show memorable. Nos transportaron a otro lugar; una carpa con cirqueros, malabaristas, faquires, personas en zancos, contorsionistas para celebrar los 25 años de El Circo ejecutando este disco de principio a fin, tal cual en el orden como fue grabado. Sin duda este fue el show más enérgico del Cosquín Rock. Después de El Circo, la Maldita siguió con más hits de sus otros discos. Los pachucotes y fans aferrados no dejaron de bailar bajo el sol.

No hay mal que por bien no venga. Ni el calor, ni la lluvia hicieron que se arruinara la fiesta argentina traída a México.

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