Más de una década del Rock X La Vida, festival que se sigue reinventando, desde sus propuestas musicales y, ahora, hasta en su sede.

Cambió de aires la sede pero no el propósito: celebrar la vida y disfrutar una tarde llena de propuestas musicales de diferentes tintes, gustos y sabores. Este fue un domingo diferente, en lugar de quedarse en casa acompañado con la familia, muchos preferimos lanzarnos al Rock X La Vida.

Llegando al festival, te encontrabas con una serie de artistas del grafiti rociando pintura por acá y por allá. Volvmen, Polivinyl, Ruzzi, Cállate Mark, Amanitas y No Tiene La Vaca fueron los encargados de, literalmente, abrir cancha, porque estábamos en el Estadio de Rugby de Tlaquepaque, un lugar completamente empastado, con todo y gradas por un lado que te daban una vista inmejorable del lugar.

En frente de los escenarios principales, Indio, y Jalisco, podías participar en actividades como un tiro al blanco que nos ayudó para sobrevivir la jornada, ya que si tenías un buen tino te regalaban un gorra, el mejor premio para protegerse del fuerte Sol.

Uno de los grupos más aclamados del cartel, los Afro Brothers, combinó ese calor casi caribeño con su reggae que los tapatíos degustan en demasía. Otro que también tuvo buena respuesta fue Alfonso André con su propuesta en solitario, reflejando su peso dentro de la historia rock nacional y el público en general.

Un tercer escenario, el Tlaquepaque, se instaló en un kiosco (muy fresco, por cierto) que tenía una vista privilegiada de todo el estadio. Hasta parecía palco VIP. Para llegar allí tenías que pasar por la zona de comida, donde estaban muchos puestitos con una onda muy tradicional. Te sentía como en la plaza de un pueblo, con la vendimia de papas a la francesa, salchipulpos, tejuino, tacos y demás gusgueras.

Mientras, Jotdog, Volovan y Juguete Rabioso hicieron lo suyo en aquel singular escenario, en los principales el DJ set de Cesar Cosio puso a rockear a todo mundo. Dio play a canciones de Cuca, Led Zeppelin, Nirvana y hasta se armó el slam. Siguió el lado argentino del festival con Los Guasones y Las Pelotas, quienes recientemente estuvieron en tierras tapatías y regresaron con tremendas ganas de rockear.

Odín Parada & The International Sonora sin duda fueron, hasta ese punto de la tarde, los que más prendieron. Incluso, dejaron la vara alta con una serie de ritmos latinos acompañados de destellos de música electrónica. Después Siddhartha bajó un poco los decibeles pero el público le aplaudió, gritó y cantó todas y cada una de sus canciones.

Cuando llegó el turno de Enjambre, sus fans los recibieron con mucho afecto y los de Zacatecas respondieron con canciones como ‘Visita’. ‘Cámara de faltas’ y canciones de su disco recién estrenado. Aunque más de uno se quedó con ganas de otra canción, subieron al entarimado los Diamante Eléctrico, banda colombiana que hace muy poco se presentó en uno de los festivales más grandes del mundo: el Coachella.

Había llegado la hora de ver a los más esperados de la noche. El  Tri de Alex Lora, acompañado de mucho blues, rock and roll, cientos de chistes, una máscara de Donald Trump, un danzante azteca y la picardía que lo distingue. Por casi dos horas, Lora entretuvo a propios y extraños, niños, adultos y unos más viejos cantaron ‘Triste soñador’, ‘Las piedras rodantes’, ‘Todo me sale mal’ y prácticamente todos sus éxitos junto a su banda de virtuosos músicos, Definitivamente El Tri sacó el colmillo y demostró que traen pila para seguir otros años más.

La fiesta la acabó A Band of Bitches, ya sin máscaras y en esta nueva faceta que nos presentó Jonáz. El regio montó el último baile y, a pesar de algunas fallas técnicas, salió victorioso. Los aferrados saltaron como si no tuvieran que ir a trabajar al día siguiente.

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