Potentes guitarras y melodías contundentes, eso y más es Sôber.

Txt: Aldher Ruelas // @mamasan
Img: Analy Jiménez  //@analyjm

En C3 Stage fue la cita para recibir a Sober después de unos 7 años de su primera visita a la tierra del mariachi y “El Canelo” Ávarez. No sabíamos qué esperar, pues muchos de los que supimos de la presentación no estábamos tan familiarizados con el cuarteto de Rock Alternativo de Madrid y su música; música influenciada más por ese rock de la costa este de la unión americana que tanto cambió el rumbo de la música moderna desde los noventa.

La banda abridora fue una propuesta local tapatía, AVN, propuesta más del lado del glam rock de finales de los ochenta, bastante familiar y que, curiosamente, combinaba y contrastaba cronológicamente con lo que posteriormente escucharíamos de parte de los españoles con sus influencias noventeras. La banda tocó unos 40 minutos de puro glam al estilo de Poison o GNR, algo así, yo alcancé un par de canciones y con eso basto para identificar esos riffs y melodías llenas de sexo, drogas y rock ’n roll -lipstick y aquanet-.

Poco antes de las 9:30 PM salió Sôber a escena entre un escenario dispuesto con amplificadores Mesa Boogie que nos hacía suponer lo que sería una buena noche de riffs potentes y dropeados a tonalidades bajas. De inmediato la banda abrió con “Vulcano”, canción que le da nombre a su más reciente disco del 2016, para el gusto de los asistentes que ya se la sabían y coreaban y, a pesar que se contaban en menos de 100, sonaban como un montón y se veía que eran fans hardcore de la agrupación.

La banda continuó con canciones como “Irreal” y “Arrepentido”, esta última de su disco Paradysso del 2002, un clásico cuando el nü metal era la onda y estábamos muy chavos. La banda también invitaba a la gente del mezzanine del recinto a bajarse con los demás para sentir mejor el ambiente de un concierto, la banda no dejaba de agradecer a la gente y se les veía muy felices.

Sober continuó tocando una de las más coreadas, “Loco” de su disco Morfología de 1999, también interpretaron “Sombras” del 2010 y aprovecharon para recordar su primera visita a Guadalajara con canciones como “Fantasma” y “Oxigeno”, esta última también muy coreada por la gente, para entonces coreando entre canción y canción el grito de “¡Sober! ¡Sober!” y no dejaban de saltar.

El concierto se prolongó por una hora y media; nadie de los pocos que asistieron se fue antes de que terminara el recital, un fan base bastante peculiar y devoto. Hasta da gusto ver asistentes así de fieles y disfrutando sin importar nada más. Cantaron todas y la banda dejaba espacio para que la gente completara parte de las letras de las canciones. Para entonces se me había olvidado que éramos pocos los presentes.

Sôber sonó impresionante en C3, que de por sí eso ya es un triunfo por lo complicado de la acústica del lugar, sonaron potentes y nítidos, la voz de Carlos Escobedo -aunque de repente se le metía lo Bunbury- es una cosa muy potente y de grandes melodías, no parecería una banda a la que nos tiene acostumbrados España: potente y contundente.

Hace más de 20 años que la explosión del grunge tomó por sorpresa al mundo, luego sus subsecuentes géneros -como el nü metal, aunque se desgarren los puristas- siguieron contagiando al mundo con sus guitarras potentes y melodías contundentes. La península ibérica, de tradición más de rock clásico, no fue la excepción y también sufrió la sacudida de ese rock furioso, y como resultado, provocó la aparición de bandas con influencias de este tipo y, Sôber, sin duda fue el parteaguas que rompió con los esquemas del rock hasta ese momento que se hacía en España.