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Desde la llegada a Trasloma el sol a plomo hacía preguntarse si era buena idea llegar tan temprano, si el calor era justificable para llegar a ver las bandas abridoras que siempre son desdeñadas. Sin embargo, al ir entrando por el sendero principal ya se podía ver el homenaje que el festival hacía a David Bowie con la exposición de las fotos que Fernando Aceves tomó al músico en su visita a nuestro país en 1997. Si uno seguía caminando hacia el área de comida podía percibir una serie de olores que indicaban no se trataba de simples puestos de tacos, sino algo “más acá”, una apuesta gourmet.


Nada como llegar a un escenario hasta el frente y ver de cerca una propuesta que uno ni conocía, abría el festival con Elsa y Elmar, una colombiana de voz dulce que, sólo con su teclado, hacía una música con melodías muy buenas y perfectas para una buena tarde calurosa. Después ya quedó clara la dinámica del resto de la jornada musical: artistas alternándose en ambos escenarios que, como estaban juntos, bastaba prácticamente girar la mirada de un lado al otro según fuera el show en curso. En el otro escenario salió una banda también originaria de Colombia para acompañar a Maite Hontelé, trompetista Holandesa que nació en el lado equivocado del Atlántico, según mencionó, pues comenzó a interpretar son cubano y salsa como si hubiera vivido toda su vida en la el caribe.


Una excelente sorpresa fue ver salir al escenario el show Space Oddity: David Brighton, el único copista autorizado por David Bowie. El espectáculo cubrió diversas etapas del británico, desde la época de Ziggy Stardust hasta su look en los 80 y 90. Algunos temas que tocaron fueron Space Oddity, Fame, Rebel Rebel, Héroes, Ziggy Stardust, Let’s Dance, entre otros. Un excelente tributo al duque blanco en un gran marco como el festival Roxy.

Después del impactante show en el escenario Converse, pasamos apenas por una chela y ya comenzaba a sonar Ser Parte, sencillo reciente de un artista consentido local, Siddhartha, que era coreado por una concurrida asistencia por ahí de las 3 de la tarde. El músico tocó varios temas de su último disco “Únicos” de 2016, también interpretó sus éxitos como Bacalar y Náufrago, además que invitó a Caloncho a subir con él para hacer el tema Loco.

Hercules & Love Affair llegó para poner la fiesta y el baile; desde donde estaba se apreciaba el audio muy bien y se veía como la gente se movía al otro escenario para comenzar a bailar y, aunque me hubiera gustado verlos aún con Antony Hegarty la verdad estuvo muy bueno y “jovial” este show.


De regreso a la zona de escenarios tocó el turno a otro local muy querido, Caloncho apareció ya con un espacio cubierto por la gente en el escenario GDL-Zapopan. Las personas siempre reciben así al músico, el cual tocó sus éxitos como Chupetazos, además de su cover a Amor Violento de Los Tres; luego, Caloncho invitó a subir al escenario a Maite Hontelé y posteriormente a Elsa Carvajal para que interpretara con él Palmar, tema que también grabó con Mon Laferte.

Hiromi con su Trio Project, la pianista le puso la cátedra y la técnica al festival -en verdad un gran acierto- con su música de fusión y jazz a un cartel ya de por sí muy ecléctico. Su intervención duró unos 40 minutos donde su virtuosismo era el principal atractivo y la gente se enganchó con la japonesa y sus ataques hasta de rock progresivo en el piano.

Acto seguido, comenzó el DJ Set de Hot Chip; no sé, me dio la impresión que fue muy temprano su intervención, pues a la gente no se le veía bailar mucho y, aunque tuvo detalles donde obviamente se mezclaron a sí mismos y un sampler de Nortec, no siento que haya cuajado el show.

A partir de ese momento el festival entraba en los terrenos de los headliners y los nombres por los que la mayoría iba. Tocó el turno a Fito Páez y todos cantaron sin parar los éxitos del argentino; desde clásicos como A Rodar Mi Vida hasta Mariposa Technicolor. Decía Fito que tocaría 50 minutos pero se sintieron como cinco por su gran interpretación.

Después inició Smash Mouth, banda sacada desde la profundidad de nuestra nostalgia noventera, vinieron a ponerle el ritmo con rolas como Walking on The Sun y When the Morning Comes. Creo que el audio general fue su principal enemigo, pero aun así para cerrar decidieron soltar su éxito All-Star que era una garantía de respuesta.


Una de las bandas más esperadas sin duda era James y no decepcionó ni poquito. Su show fue simplemente majestuoso, luminoso y lleno de energía; estos ingleses nos pusieron a todos a bailar y recordar porqué son tan grandes. Tim Booth, su vocalista literalmente se volcó a la gente varias veces, no olvidaremos jamás esta actuación. Canciones como Moving On, Laid, Sometimes y Sit Down fueron la prueba de un público cautivo que han ido juntando por décadas.


Placebo continuó inmediatamente, con un Brian Molko cubriéndose con un tapabocas -recordemos que en cuanto puso pie en México el cantante se enfermó a tal grado que canceló su show en Mérida y corría el riesgo de cancelar otros-. La banda celebraba su aniversario número veinte y por una hora interpretó éxitos; canciones como Special K, Special Needs, The Bitter End y Pure Morning sonaron potentes. Mi momento favorito fue cuando la banda se aventó Infra Red, que jamás había escuchado en vivo.

El frío ya calaba demasiado pero la gente no se movía porque no quería perder su lugar, seguía el turno de escuchar al señor don Moz. Morrissey sin duda era la carta fuerte de la noche, el problema fue que la espera para verlo en el escenario fue alrededor de 25 minutos, ya que el intro con videos es parte de su show, y la gente se comenzaba a desesperar. Cuando al final salió sin más ni más abrió con Suedehead y de ahí en adelante fue un desfile de éxitos del británico coreados todos y cada uno. Hubo momentos donde el músico hizo referencia a la fiesta brava y algún comentario anti-Trump que desató la euforia -más, el hecho de que sus músicos traían una playera con la leyenda Fuck Trump-. El cantante interpretó canciones como There Is a Light That Never Goes Out, Let Me Kiss You y How Soon is Now? y a más de uno se le volcó el alma. Sin duda uno de los mejores shows de la noche que duró más de una hora, 16 canciones en total.


Estábamos todos muy cansados pero muy contentos por el show de Morrissey, mientras en el otro escenario se disponían las luces para el inicio de Empire of The Sun, para un final hasta arriba. La banda inició de lleno con Ride de manera espectacular, era imposible no moverse con el beat y olvidar un rato el dolor de espalda resultado de toda la jornada. El sonido fue muy bueno con ellos y es increíble ver una banda que no es “rock”, rockear tan duro. El show debió durar más o menos una hora, me tocó escuchar y ver saltar a la gente con canciones como Before y Celebrate;  por más que quise aguantar iba a la salida cuando sonaba Alive y la gente no dejaba de gritar. Valió completamente la espera para el final.


La primera edición del Roxy Fest fue un éxito, según fuentes oficiales fue sold out (25 mil personas) y con el mejor ambiente, detalles de logística típicos pero nada que afectara al desarrollo del mismo. Uno caminaba entre senderos humanos para ir las diferentes áreas o encontrarse con los amigos. Igual podía ser en el área de comida y descanso, en algún tipi de los que se instalaron, o en el área infantil donde Pumcayó dio un show para los niños que asistieron al festival. El Roxy estaba lleno de caminos que te conducían entre la gente y la música, todo en armonía y sin contratiempos, esos terminaban llevándote a un momento específico de tu vida donde la música que escuchabas te marcó y ese día en el Roxy la reencontraste.

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