Han pasado 10 años desde la primera vez que cantamos esta y otras emblemáticas canciones de División Minúscula. Cualquiera que fuera la edad que tuviéramos, sus letras eran perfectas para expresar los sentimientos más inexplicables, más cuando eres un adolescente confundido y enamorado.

Todos fuimos ese chico o chica que se sentía confundido, que no sabía lo que estaba haciendo, pero seguíamos las recomendaciones que cantaba Javier Blake: aconsejarle al otro, por su propio bien, que siguiera su camino solo.

El próximo 9 de octubre tendremos la oportunidad de recordar aquellos momentos y volver a gritar a los cuatro vientos, como si el tiempo jamás hubiera pasado, versos como el que dice: “no puedo prometer un por siempre, ni siquiera sé si puedo un hoy”.

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