texto: Orlando Torres
Fotografia: NACION IMAGO / Galeria completa 

Sold out completo en dos fechas. Desde 2006, no se presentaba en Guadalajara, y dejó al público queriendo mucho más.

Steven Patrick Morrissey. El hombre, la leyenda.

La asistencia comenzó a abarrotar el Teatro Diana desde tempranas horas de la noche. Las clásicas camisetas con bordados horribles ( y últimamente, con brillantes en el nombre del artista) en las inmediaciones del lugar. Pocos copetes (comparado con la visita anterior), mientras más y más gente ingresaba al teatro. Un poco antes de las nueve de la noche, la fila de ingreso daba vuelta a la cuadra del teatro.

A pesar del ingreso un tanto lento, a las nueve de la noche abrió Kristeen Young, una cantante americana armada únicamente con un sintetizador y una máquina de beats para reemplazar a una banda en vivo. Con una voz potente, conquistó a algunos de los asistentes del concierto, mientras que otros estaban desesperados porque empezara el acto principal. Un set de apenas cuarenta minutos, en el que la teatralidad tan conocida por los fanáticos de Steven invadió el escenario del Diana.

A las diez en punto de la noche, salió Morrissey con su banda de acompañamiento, tras la reproducción de algunos videos de shows clásicos de música, muy posiblemente elegidos por el mismo Steven para calentar a los asistentes antes de su aparición en el escenario. Vestido en una de sus características camisas entalladas, el público ovacionó a su ídolo, que abrió con «First of the Gang to Die», que fue de las canciones más coreadas. Continuó fuerte con uno de los títulos de su difunta banda The Smiths, «I want the One I Can’t Have«. El público estaba deshaciéndose al sonido de la cálida voz de Morrissey. Muchos de los asistentes vieron a un joven que portaba una camiseta del Manchester United en primera fila, con sus manos al aire prácticamente durante todo el concierto, cantando a todo pulmón, y cuando tuvo oportunidad, de tocar a su ídolo cuando este lo permitía.

Siguió con temas clásicos de sus observaciones solistas, como «You’re the One for Me, Fatty», «When Last I Spoke to Carol» y «Alma Matters«. En este punto, una de las fanáticas no pudo contenerse e intentó subir la escenario, mismo intento que fue frustrado por los elementos de seguridad en el escenario.

Durante todo el evento, los asistentes lanzaron decenas de objetos al escenario, mismos que el crew de Steven colocó a un lado para no detener la interpretación de los músicos. Una camiseta de México, así como varias de distintos tipos volaron hacia el escenario. Como es costumbre, Morrissey se quitó la camisa durante Maladjusted (Puedo estar equivocado), para lanzarla al público que lo ovacionó en todo momento. Corrió tras bastidores para tomar una camisa fresca y continuar con el espectáculo, siendo la elegida «Still Ill», también obra de su, ahora en un receso, anterior proyecto, The Smiths.

Para mostrar su «estandarte político-social» (por decirlo de alguna manera), durante «Meat is Murder» en el fondo se reprodujeron videos del maltrato que sufren los animales de granja, dado que ha sido vegetariano desde los 11 años, y además fue el momento en el que la mayoría de los asistentes se tomaron un tiempo para descansar y sentarse a ver los fabulosos visuales que corrían en el trasfondo. La tranquilidad continuó con «Scandinavia»; afortunadamente, no cerró así el espectáculo, cerrando con Everyday is Like Sunday, y antes de salir, un ramo de rosas cayó en el escenario, mismo que Steven recogió y regresó al público en los balcones del Diana. Cerró el primer set de esta manera para salir a un corto encore y regresar con toda la energía a cerrar, después de más de una hora de espectáculo, con «There is a Light that Never Goes Out», la cual fue sin duda alguna la canción más vitoreada (y cantada a coro) por los asistentes, a tal punto que Morrissey solo permitió que los asistentes cantaran el coro a toda voz.

Cerró con las palabras «Tomorrow? Here?» A lo cual muchos fanáticos respondieron positivamente. Para muchos, este concierto no supera a aquel fatídico concierto de 2006, pero para los que lo experimentamos por primera ocasión, y en un mucho mejor venue (sobre todo por la acústica magistral del Diana); que faltaron canciones, obviamente. Casi 30 años de carrera dejan mucho que desear. Sin embargo, se agradece la entrega de Steven y toda la banda en cada segundo que estuvieron sobre el escenario, interpretando magistralmente cada acorde, cada síncope de las canciones grabadas originalmente, casi como si fueran escuchadas como la primera vez que se escribieron.

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